El café de mamá

El café de mamáEn las mañanas me gusta ver a mi mama tomar café.

Se levanta muy, muy temprano, y lo primero que hace, aún antes de que salga el sol es preparar café.

Lo hace muy despacio, y lo sirve en una taza con animalitos dibujados. Se sienta en la mesa y toma la taza con las dos manos y espera a que se enfríe un poco. Y mientras espera, parece como si estuviera en otra parte, porque no se da cuenta que estoy en piyama, en la puerta de la cocina viéndola. Todas las mañanas.

Mi mamá tiene hoy el pelo rojo

Mamá con el pelo rojoCuando se levantó y salió de casa, tenía el pelo café, como el mío. Todos dicen que me parezco mucho a mi mamá, pero ya no. Porque cuando regresó, tenía el pelo rojo como un tomate.

Ya no nos parecemos tanto, y me puse triste por eso. Mi mamá dice que nos parecemos en lo importante, y que sólo se pintó el pelo para cambiar. Me dice que los adultos aveces tienen que intentar cambiar, para ver como les ve con los cambios, y si les gustan. Pero no me dejó pintarme el pelo azul. Dice que los niños no pueden pintarse el pelo.

Los adultos son extraños.

Noche sin nubes

En la noche, me gusta ver por la ventana. Cuando no hay muchas nubes se ven las estrellas y las puedo contar. A veces veo una o dos, a veces más de una docena. A veces, simplemente no se ve ninguna.

No importa que cada noche sean las mismas estrellas, las puedo contar otra vez y contarlas al revés y volverlas a contar. Hay muchas cosas que se pueden repetir, que no se acaban y me hacen sonreír.

Noche de contar estrellas

Noche sin nubes